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Destino: la profundidad del ser humano (capitulo 1)

Abordemos un tema que considero fundamental para nuestra existencia y la relación que mantenemos con el contexto.

Un único objetivo: invitarte a realizar un proceso reflexivo personal.

Aprovechando esos momentos donde bajamos la tensión cotidiana, al menos de trabajo, te propongo invertir algo de tiempo para adentrarnos con esta primera entrega.

Si habéis revisado los temas que suelo tratar, observarán que siento fascinación por el negocio, las empresas, su estructura, estrategia y evolución incluso la familia como un tipo particular de organización, aunque no tanto como me apasionan las personas que las hacen realidad.

A continuación expongo un planteo que va más allá de los negocios o la relación familiar que llevamos. Te comparto una forma diferente de observar. La felicidad de lograr resultados disfrutando del proceso.

Mi misión es ayudarte a que logres tu propia evolución. En el ámbito que tú consideres importante. Por eso siempre estamos hablamos de fijar objetivos, alcanzar una meta, mejorar, solucionar, resolver, etc. utilizando diferentes métodos y modelos para alcanzar resultados.

Ahora, te propongo que hagamos foco en un aspecto fundacional. Nosotros, como seres humanos con sentimientos además de raciocinio (es decir, con la bella capacidad de razonar).

Pensando y planteándonos focalizar desde las personas. No como un concepto, sino una filosofía de ver y llevar la vida.

Donde no hay distinción entre vida profesional y personal como compartimientos estancos. Ya que el punto en común es la persona, el ser humano emocional que os vengo mencionando. Por ello, considero sumamente necesario hacer un trabajo más amplio y profundo previo a cualquier establecimiento y fijación de metas.

El equilibrio eficiente: para la obtención de Resultados

Siempre nos definimos un resultado a conseguir. Un objetivo.

Por ejemplo, definimos objetivos que pueden ser: cambiar de trabajo, comprar un coche nuevo, hacer un viaje, conseguir más ventas, un equipo más eficiente, tener un hijo, una relación de pareja sana,….. Donde, solemos aplicar diversas técnicas o metodologías para la fijación de metas y objetivos, planificamos, revisamos recursos, nuestro equipo, etc., pero al final y en pocas palabras, lo enfocamos a la obtención de algo material y concreto. Esa cosa que muchas veces solemos asociar con el Éxito. El resultado alcanzado o superado que nos genera una sensación de bienestar, incluso felicidad.

No digo que este mal, pero sí que estamos viendo la película de forma limitada. Solo la punta del iceberg de la vida.

Veamos en forma gráfica lo que quiero transmitirles:

Esa montaña flotante de hielo que está sumergida en un 90%, Tiene componentes que se ocultan a primera vista y que terminan siendo la parte más importante a la hora de alcanzar resultados.

Se trata de cuatro aspectos que se encuentran en interacción constante.

Veamos cada uno en particular: apreciemos sus dimensiones.

YO: es decir, TÚ mismo. Somos el centro del planteo que propongo. El responsable principal para que las cosas sucedan. Te preguntaras ¿ok, pero que debo hacer? Se trata de bajar a tierra, de plasmar claramente tu imagen personal. Para este cometido, pueden ayudarte las siguientes preguntas:

  • ¿quién soy?, no solo que soy. ¿qué hago?, ¿cómo lo hago?, que creencias y valores tengo, ¿cómo veo el mundo desde mi punto de vista?… por qué….
    • Es importante este aspecto, pues tu forma de ver, sentir y actuar condiciona la relación con los demás aspectos.

OTROS: mi entorno o siendo más específicos, con quienes me relaciono (¡también personas!). En este caso, las preguntas que pueden ayudarte a revisar este aspecto son:

  • ¿cómo me ven? ¿cómo quiero que me vean? ¿qué espero obtener de ellos?, ¿qué esperan de mi? ¿de qué manera me relaciono con ellos?
    • Importante: solo una pregunta más ¿alguna vez te has detenido a pensar que estos “otros” también tienen necesidades, emociones propias y como resultado de su interacción con el contexto?

APRENDIZAJE: en todo proceso, hay siempre un aprendizaje. La cuestión es, ¿soy realmente consciente de esto?

  • Importante: este aspecto en particular es el que me permitirá crecer como persona, como profesional. Las preguntas que pueden ayudar en tu análisis personal son:
  • ¿me ocupo de identificarlo? ¿cómo lo utilizo? ¿señalo qué cosas debo incorporar, modificar o eliminar?

RESULTADOS: si bien se encuentra en la cúspide del iceberg, lo dejo para el final. Quizás te preguntes ¿por qué? La respuesta es más simple de lo que parece, ya que, estoy procurando transmitirte que los Resultados suelen ser cosas. Solo cosas materiales a conseguir.

Es la consecuencia de nuestras acciones donde interactúan los otros 3 aspectos siempre, sea de manera consciente o inconsciente,  lo que nos permite conseguir nuestros objetivos. Muchas veces alcanzamos el 100% de los resultados y la sensación inmediata es felicidad por el éxito obtenido. Pero qué pasa con las otras veces que no conseguimos los resultados tal como nos lo planteamos…. ¿Cómo nos sentimos? ¿Qué nos pasa? Nos da igual, nos conformamos, nos genera ira, frustración, me castigo o busco culpables, etc. etc. Todas emociones y reacciones “naturales” que no suelen ser agradables y mucho menos, constructivas. Este es otro tema interesante y no menos importante que trataremos en otro momento. No nos desviemos del asunto principal. Solo quería mencionarlo para completar el aspecto “resultados”.

Mutaciones del medio:

En la actualidad, la velocidad de los cambios del contexto, la híper-información, las preocupaciones virales además de las propias y el sentido de urgencia en el afán por superarnos, observo una marcada tendencia a la pérdida de identidad y el valor que tienen las personas que intervienen. Así como, el uso y abuso de determinados modelos para la obtención de resultados nos alejan de las personas.

Por ello considero oportuno hacer hincapié en la necesidad imperiosa por volver a la persona.

El ser humano, no solo desde una perspectiva de capacidad para hacer sino en su esencia como ser emocional, sus creencias y valores.

Para recorrer este camino, es fundamental que nos detengamos un momento y hagamos una introspección de nosotros mismos. Un ser con emociones y conocimiento, luego, ampliando a mi relación con otros. De esta forma estaremos comenzando a recorrer una senda diferente de pensamiento.

Ocúpate de prestarte la debida atención. Solo tú sabes dónde te duele. Lo que te propongo es hacer el ejercicio personal de ver tu vida desde una óptica diferente. Sin convertirte a ningún credo ni secta ni doctrina, solo procurando ampliar la óptica con la que observas y filtras el mundo.

El desafío es conseguir una visión de nosotros que nos ayude a comprendernos y facilitarnos entender muchas de las reacciones de los demás.

Iniciemos el proceso de retrospección.

Partamos por el actor principal: yo (tu): mis anhelos, mis valores, mis creencias incluso mis miedos. Con el fin de conocernos y reconocernos como seres emocionales con virtudes y fallos sin necesidad de ocultarnos detrás de un personaje que todo lo puede o cuando menos, un personaje que limita la difusión de emociones, donde no se permite la duda, mostrar miedo es síntoma de debilidad o incluso cuando determinadas veces evito involucrarme por temor a que me pidan algo que me pertenece y no quiero dar.

El primer paso de reconocernos es necesario para enfocar todos los aspectos de nuestra vida. Un punto básico que nos permita crecer como personas. Su aplicación obviamente tendrá impacto en todos los ámbitos, tanto personal como profesional.

La vida es una gran negociación

Constantemente estamos negociando, hasta el más mínimo acto conlleva la obtención y entrega de algo. Sea con compañeros de trabajo, grupo de amigos, mi pareja, mis hijos y contigo mismo.

Vuelvo una vez más sobre la gran utilidad de hacer esta retrospección y revisar nuestras formas de ver el mundo. No para solucionar el hambre ni conseguir la Paz mundial, sino como punto de partida para, desde el reconocimiento de lo soy y lo diverso que pueden ser las formas de apreciar el mundo por parte de los demás, permitirnos construir relaciones sin limitaciones preconcebidas (creencias, juicios de valor, experiencias vividas y el aprendizaje que vamos acumulando, tanto formal impartido como informal por la propia interacción con el medio), que nos sesgan a la hora de ver y evaluar el mundo.

Podemos verlo cotidianamente, desde lo más esencial: tratamos constantemente con personas, seres humanos que por lo general no perciben el mundo con las mismas gafas que yo.

En las relaciones, cualquiera sea, muchas veces imponemos (o al menos eso intentamos) nuestros postulados y cuando no lo conseguimos, se desencadena un conflicto.

No solo hablo de culturas, tolerancias, posicionamientos políticos ni creencias religiosas. Sino de la persona y como se relaciona con su entorno más cercano: su gente, su familia, su equipo de trabajo o sus amigos.

Poniéndolo en práctica:

En principio, solo ocúpate de reflexionar. Sin un método ni pautas predefinidas. Sin tiempos a cumplir.

Este ejercicio inicial no es complejo ni requieres de aptitudes particulares para llevarlo a cabo. Vayamos aprendiendo paso a paso a descubrirnos. Invirtiendo momentos para uno mismo y haciendo un análisis de exploración sin intentar darle respuestas a todo lo que aflore. Solo déjate fluir en esta primera etapa. Escúchate, descubre, reconoce y aprende de ti.

Más tarde, iremos profundizando en aspectos que nos ayuden a canalizar las nuevas percepciones y sensaciones que vayamos descubriendo. Asimilar y actuar en consecuencia.

A medida que avancemos con este proceso, seremos capaces de perfeccionar la fijación de objetivos y obtener mejores resultados en todo lo que nos planteemos sea del ámbito personal como profesional.

Acciones:

  • Primero: revisa quien eres
  • Segundo: clarifica (no clasifica) prioridades incluyendo tus sentimientos.

 

Conclusión:

Primer paso es claro: sentir y evaluar hasta que punto escucho mis emociones y la de los demás.

Segunda etapa: abre tu mente. No para aceptar todo sino para comprender el todo.

Como seres humanos con sentimientos, fallos y virtudes y con la capacidad racional que poseemos, podemos mejorar nuestra forma de ver, sentir y disfrutar la vida. Reconociendo como somos y como quiero que me vean los demás. Sin presiones ni actuando un personaje. Siendo uno mismo y no la proyección de una figura que crees es la ideal.

El punto de partida eres tú. Puedo asegurarte que tendrás mejores resultados si amplias tu mente y sobre todo escuchas a tus emociones.

Pero sobre todo, disfrutaran del camino, de esos momentos hasta su concreción.

Los “momentos” dan sentido a la vida. Disfrutemos de nuestro trabajo y las relaciones.

Solo tenemos una vida entre los vivos, aprovechemos cada instante y no desperdiciemos tiempo en conflictos que se pueden evitar.

¿A ti que te parece?

Quiero conocer tu opinión. Te pido uno de tus momentos para que me compartas tus comentarios.

Un abrazo. Avancemos.

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